
De costumbre de frontera a presencia cada vez más fuerte en las mesas chilenas. Cómo el mate se ganó su lugar al otro lado de la cordillera.
Durante mucho tiempo, el mate fue en Chile una cosa del sur y de las zonas de frontera. Se tomaba en el campo, en la Patagonia, en los oficios que empiezan temprano. Era conocido, pero no masivo.
Un cambio de a poco
En las últimas décadas eso cambió. El mate empezó a aparecer en las ciudades, en las oficinas, en las juntas de amigos. Dejó de ser una rareza para volverse parte de la rutina de cada vez más personas.
Anahí acompaña ese camino desde 1985. No solo trajo la yerba: ayudó a instalar el hábito y a que conseguir un buen mate en Chile fuera cada vez más fácil.
El mate no entiende de fronteras. Donde hay alguien dispuesto a compartir, hay una ronda esperando.
Una cultura que se comparte
Lo lindo del mate es que no se toma solo: se ceba, se pasa, se comparte. Esa lógica de ronda —de pasar el mate al de al lado— es la que lo hizo crecer en Chile, de mano en mano y de mesa en mesa.
Esta historia es la razón de ser de Anahí. Conoce quiénes somos.


