
Antes de que la yerba mate fuera una góndola en el supermercado, antes de las marcas y los envases, ya era parte de la vida de un pueblo. Los guaraníes llamaban ka'a a la planta, y la trataban con un respeto que iba mucho más allá de lo alimenticio: era medicina, era ofrenda, era un puente entre las personas.
Esta es la historia de esas raíces — las mismas que, generaciones más tarde, siguen latiendo en cada mate que se comparte.
Un regalo de los dioses
La mitología guaraní cuenta que la yerba mate fue un obsequio de los dioses a cambio de la hospitalidad de un anciano. Más allá del relato, lo que quedó fue una certeza cultural: el mate no se toma solo. Se ceba, se pasa, se comparte. La ronda es tan importante como la bebida.
Los guaraníes cultivaban y tostaban las hojas con técnicas que hoy siguen siendo la base de la producción. Conocían los tiempos de la planta, la mejor forma de secarla y molerla, y sobre todo, entendían que el proceso importa tanto como la materia prima.
El mate no es solo una bebida. Es un ritual. Es conexión. Es cultura que se comparte.
De la selva misionera al resto del continente
Con el tiempo, el consumo del mate se expandió mucho más allá del territorio guaraní. Cruzó ríos y fronteras hasta volverse parte de la identidad de países enteros. En ese viaje se sumaron nuevas costumbres, pero el corazón del ritual se mantuvo intacto.
Tres elementos siguen siendo los mismos desde entonces:
- La yerba, seleccionada y molida con el criterio que da el conocimiento de generaciones.
- El mate, el recipiente que le da nombre a todo el ritual.
- La bombilla, que filtra y acompaña cada cebada.

Una raíz que sigue viva
Para nosotros, esta historia no es decoración. Es la base de todo lo que hacemos. Venimos de un origen real, de una familia con raíces guaraníes que cruzó una frontera con una idea y la convirtió en cultura.
Cada vez que alguien ceba un mate — en Chile, en Argentina, donde sea — repite un gesto que empezó hace muchísimo tiempo, en la selva, entre hojas, agua y tierra. Y eso, más que cualquier marca, es lo que vale la pena cuidar.
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